etiquetas

¿Llegamos a ver algo? Vemos una flor y preguntanos: “¿qué es eso?” Alguien dice: “una flor de loto”. Todo lo que tenemos con eso es un nombre nuevo, una etiqueta nueva y erróneamente pensamos que tenemos una experiencia nueva. En cuanto logramos pegarle un nombre a algo, nos parece que hemos aumentado el caudal de nuestros conocimientos, pero lo único que hemos hecho ha sido aumentar nuestra colección de etiquetas.

Para “ver” este árbol debo quitarle la etiqueta, porque me causa la ilusión de que, teniendo un nombre que ponerle, conozco el árbol. Aún más, debo abandonar todas las experiencias precedentes de otros árboles. Y todavía más: debo desprenderme de todas las experiencias anteriores, incluso de este árbol.

Negamos la oportunidad de manifestarse al individuo presente, porque constantemente le juzgamos por nuestras experiencias pasadas de él.

Anthony de Mello

Citado por Carlos G. Vallés, Ligero de equipaje, Ed. Sal Terrae

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haciendo cola

El sábado, cuando llegué a la caja del híper, había una cola de unas doce personas, con los carros bastante llenos. Después de estar un momento contrariado y aburrido, me di cuenta de que en aquel momento mi vida era la cola del híper, y que podía decidir vivirlo de otra manera.

Así que dejé de prestar atención a las cosas que no dependían de mí (la organización del establecimiento, las decisiones de compra de otras personas) y presté atención a lo que sí podía hacer, empezando por mi postura física, la respiración y las sensaciones físicas: sonidos, colores, etc.

En vez de estar sentado en el cojín, estaba apoyado en el carro de la compra y, en vez de incienso, tenía los olores del supermercado; se transformó en una experiencia agradable y, cuando me quise dar cuenta, ya estaba fuera. De hecho, sentí dejar una experiencia tan agradable. Al concentrarme en lo que podía hacer, la situación cambió completamente.
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Recordando a Gurdjieff

En “Recordando a Gurdjieff” (Editorial Sirio), Fritz Peters cuenta su experiencia como interno en el Prieuré en los años 20 y algunos encuentros posteriores con el maestro y sus discípulos en EE.UU. (Gurdjieff murió en 1949):

  • Una de las metas de la escuela era “verse uno mismo tal como los demás lo veían”
  • Siempre hay una razón lógica por la que la gente hace las cosas de cierta manera; es necesario encontrar todas las razones posibles antes de juzgarlos.
  • (En mi conflicto con Miss Madison) si alguno de los dos hubiese sido consciente de su comportamiento y no simplemente una reacción del uno hacia el otro, el problema se hubiera solucionado fácilmente.
  • La principal dificultad del ejercicio de la “observación de sí” era hacerlo sin esperar resultados, observando el comportamiento propio sin comentarios y sin intentar cambiarlo.
  • El hombre verdadero no es bueno ni malo, es solo consciente.
  • El deseo puede ayudar, es como una oración cuando es para otro. Pero cuando es para uno mismo la oración y el deseo no son buenos, solo el trabajo es bueno.
  • Piden consejo pero no desean ayuda, solo desean encontrar lo que quieren de antemano.
  • La política, la religión o cualquier movimiento que trate al hombre en masa son un fracaso; solo es posible el progreso humano a nivel individual. El trabajo de grupo solo es valioso en cuanto ayuda al individuo.
  • En la vida nunca hay una segunda oportunidad, solo hay una oportunidad.
  • Si bien es posible ayudar a otra persona hasta cierto punto, no es posible “hacer” nada por ella. Puedes ayudarle a levantarse, pero solo él puede dar el paso.
  • Aunque se consiga un resultado temporal, luego hay que trabajar mucho más para que los resultados formen parte permanente de uno mismo.
  • Debido a su reputación, la gente rara vez conocía a un individuo llamado Gurdjieff, sino a la imagen que se habían formado de antemano.
  • En realidad, nadie hace preguntas. Es imposible preguntar por algo que no se sabe; por eso sólo doy respuestas que ya conocen. Si le doy una respuesta agradable (que no verdadera) podrá decir que Gurdjieff se la ha dado y no tendrá que responsabilizarse. La educación está al revés: el maestro no hace a los alumnos formular nuevas preguntas, se limita a dar respuestas a viejas preguntas a las que cualquiera puede responder.
  • La señora que da de comer a los pájaros en el parque dice que lo hace porque ama a los pájaros, pero no menciona el placer que eso le proporciona.
  • Cuando él estaba con cualquiera de nosotros, recibíamos toda su atención. No puedo pensar en nada que sea más halagador en las relaciones humanas.

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Creía que habría algo más

El otro día le dieron a Patricia Arquette el óscar a la mejor actriz de reparto por su actuación en Boyhood,  película que cuenta la evolución de una familia desde que los niños son pequeños hasta que se van a la universidad. Precisamente, cuando el hijo está haciendo el equipaje para marcharse, la madre se pone a llorar y, al preguntarle qué le pasa, ella dice: -Mi vida se irá así, sin más… Todas esas etapas, casarme, tener hijos, divorciarme, la vez que creímos que eras disléxico, cuando te enseñé a montar en bici, vuelta a divorciarme, sacarme el máster, conseguir el trabajo que me gustaba, enviar a Samantha a la universidad, enviarte a ti a la universidad… ¿sabes qué será lo siguiente, eh? ¡mi funeral! … Creía que habría algo más…

Y así transcurre la vida, esperando que nos pasen cosas más interesantes, que llegue algo mejor (un trabajo mejor, una pareja mejor, la iluminación) que solucionará los problemas. Pero nunca encontraré la respuesta en algo exterior a mí, ni fuera de este preciso instante; la única vía útil es salir de la fantasía de algo diferente, de los pensamientos irreales y las ensoñaciones vacías, y volver una y otra vez a lo que el mundo me trae a cada momento, que es mucho.

Sí que había algo más, pero no está en un futuro que no existe, sino delante mismo de tus ojos. . . .

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Steve Jobs, sabiduría y compasión

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A raíz de la entrada sobre El zen de Steve Jobs, un amable lector me comenta la contradicción entre la práctica budista del presidente de Apple y las difíciles condiciones laborales de sus empleados en Asia. La biografía de Walter Isaacson (editorial Debate) refleja la complejidad del personaje:

Steve es muy zen. (…) Puedes verlo en su gusto por la estética marcada y minimalista y en su capacidad de concentración. Jobs también se vio profundamente influido por el énfasis que el budismo pone en la intuición. (…) Su intensidad, no obstante, le dificultaba el camino hacia el auténtico nirvana; su conciencia zen no se veía acompañada por una gran calma interior, paz de espíritu o conexión interpersonal.

En cuanto al ambiente,

Había grupos cuasi académicos que estudiaban los efectos del LSD (…) Había un movimiento hippy, nacido de la generación beat del área de la bahía de San Francisco, y también rebeldes activistas políticos (…) Mezclados con todos ellos existieron varios movimientos de realización personal que buscaban el camino de la iluminación, grupos de pensamiento zen e hindú, de meditación y de yoga, de gritos primales y de privación de sueño, seguidores del Instituto Esalen y de Werner Erhard.

Steve Jobs representaba esta fusión entre el ‘flower power’ y el poder de los procesadores, entre la iluminación y la tecnología. Meditaba por las mañanas, asistía como oyente a clases de física en Stanford, trabajaba por las noches en Atari y soñaba con crear su propia empresa.

Y,  en cuanto a su carácter,

Jobs atribuía su capacidad para concentrarse y su amor por la sencillez a su formación zen, que había afinado su sentido de la intuición, le había enseñado a filtrar cualquier elemento que resultase innecesario o que le distrajese, y había alimentado en él una estética basada en el minimalismo.

 Desgraciadamente, su formación zen nunca despertó en él una calma o serenidad interior propias de esta filosofía, y eso también forma parte de su legado. A menudo se mostraba muy tenso e impaciente, rasgos que no se esforzaba por ocultar. (…) Él tenía a gala ser brutalmente sincero.

Más allá de sus características personales, creo que es una buena ocasión para señalar que el budismo no es solo sabiduría, sino también compasión. Ken Wilber lo explica muy claro en su Breve historia de todas las cosas (Kairós):

El camino de ascenso desde los muchos hasta el Uno es el camino de la sabiduría: prajna nos permite ver que toda forma es Vacuidad.

Por otra parte, el camino de descenso es el de la compasión o bondad (karuna), porque el Uno se manifiesta como los muchos y, en consecuencia, todas las formas deben ser tratadas con el mismo respeto. La compasión nos permite ver que la vacuidad es forma.

La integración o equilibrio de estos dos caminos, el ascendente o trascendental (Eros o prajna) y el descendente o inmanente (Agape o karuna), entre el Uno y los muchos, entre la vacuidad y la forma, la unión de sabiduría y compasión constituye la base de la auténtica espiritualidad.   . . .

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historias de fútbol

Ayer hubo un partido de fútbol, Atlético contra Real Madrid, que terminó con el resultado de 4–0; una experiencia maravillosa para unos y un desastre para otros, cuando en realidad los hechos eran los mismos (un balón entró cuatro veces en una portería).

Es útil diferenciar lo que sucede de la historia que nos contamos sobre lo que sucede.

Puedes sufrir porque tu equipo ha perdido, porque no has conseguido un porcentaje de ventas, porque se te ha roto una uña, porque tu cuñado tiene un teléfono más vistoso, etc. Las formas del sufrimiento son infinitas, aunque todas están relacionadas con el significado que damos a las cosas y el deseo de que sean diferentes.

Las circunstancias del mundo son, en general, neutras, y las vivimos según la importancia que demos a nuestros propios pensamientos, creencias y expectativas. Cuando (me parezca que) algo externo me está haciendo sufrir, siempre puedo preguntarme: ¿qué historia me estoy contando? ¿puedo soltarla? ¿aceptar la realidad tal como es? Y, una vez aceptada, ¿qué voy a hacer ahora?

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naturaleza humana

Esta semana se ha conmemorado la liberación (el 27 de enero de 1945) del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, donde en pocos años murió un millón y pico de personas, en las condiciones más penosas e inhumanas que puedan imaginarse.

En la foto, miembros de la SS en Auschwitz.

SS

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