el ego espiritual

La búsqueda parte de una proyección mental ilusoria: el sentimiento de carencia que corroe nuestra conciencia de ser y nos provoca angustia. Pero es esta proyección mental ilusoria lo que nos pone en camino. El Zen puede convertirse en una nueva proyección ilusoria: la de ser alguien espiritual, un meditador, alguien que hace algo especial, que se viste de forma especial… aparece el ego espiritual. La búsqueda sincera de despertar es rara y, aunque esté presente en muchas personas, al principio está mezclada con otros elementos tales como proyecciones, necesidad de reconocimiento, deseos de poder, etc. Lo que nos aguarda en el cojín de meditación es un espejo implacable e impecable. El espejo que nos refleja tal y como somos. Generalmente lo primero que nos impulsa es la proyección ilusoria de cualquier tipo, después viene el encuentro con la propia sombra y el desinflamiento y la desilusión. Aquí son muchos los que abandonan. Los que atraviesan la sombra terminan por encontrarse con su verdadera naturaleza original, lo que llamamos ‘naturaleza de Buda’ en el Zen y, desde ella, pueden construir una vida más real. Y también están los que se pasan la vida empollando el cojín sin que de él salga ningún polluelo.

Dokushô Villalba

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