enemigos

El poeta Longfellow decía que si conociésemos la biografía de nuestros enemigos y comprendiéramos la tristeza y el sufrimiento que padecen, se desvanecería cualquier sentimiento de hostilidad.

Claro, no es lo mismo ser consciente de ello en el ambiente recogido del dojo -o la iglesia- que recordarlo en medio del atasco de tráfico o de una discusión con el jefe o la suegra. Por eso es necesario el entrenamiento, ya sea genérico (la meditación) o trabajar sistemáticamente en situaciones específicas, como hacía la maestra Joko Beck.

Allá vamos, de nuevo.

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