Joko Beck: zen día a día

Joko120 Charlotte Joko Beck empezó a practicar en los años 60, cuando ya tenía cuarenta y pico años y había criado, sola, a sus cuatro hijos; trabajó de maestra, pianista, secretaria y administrativa, hasta 1977 en que se jubiló y pudo dedicarse a tiempo completo al Centro Zen de Los Ángeles. En 1983 fundó el Centro Zen de San Diego y en 1995 la Escuela Zen de la Mente Ordinaria; murió el 15 de junio de 2011. Había escrito dos libros, La vida tal como es (que comentamos aquí hace 4 años) y Zen día a día, que acaba de publicar Gaia; cualquiera de ellos da para trabajar una vida completa –o varias vidas.

Como consecuencia de su rica experiencia vital, su enseñanza es algo peculiar, quizá para algunos demasiado heterodoxa, aunque ella misma decía: «utilizo todo aquello que pueda ser útil». Aquí va una muestra:

Cub. Zen Dia a Dia.CDR Puedes meditar durante 20 años y estar perdiendo el tiempo; lo que importa es el largo proceso de despertar, de ahí la necesidad de que el practicante aprenda a estar tan despierto como le sea posible en cada momento. Enseño de manera que la gente use su vida diaria como práctica, porque esa es la clave del despertar.

Los practicantes nuevos aprenden a experimentar su cuerpo y a registrar sus pensamientos (sin analizarlos ni apartarlos) y, luego, a sentir cómo se contrae el cuerpo. Si te enfadas con alguien, el cuerpo se contrae; entonces, te limitas a ser el enfado o la tensión. Al hacerlo, no intentas cambiar tu enfado, sólo estás con él, totalmente, hasta que el propio enfado se transforma. Lo que antes te hacía explotar de rabia, ahora lo puedes mirar con detenimiento. Y, al experimentar la tensión corporal, no suprimes la emoción, sino que la sientes. Así puedes actuar en cualquier situación sin estar enfadado, sólo afrontando los hechos.

También evitas el melodrama de culpar a los otros para tener la razón. Te limitas a experimentar el dolor sin pensar en ello; entonces no hay un yo, sólo una vibración energética. Así dejas de reaccionar ante las cosas y puedes estar en el mundo sin ser del mundo. No hay que deshacerse del dolor o el desengaño, sino situarse directamente en ellos.

Sigues experimentando tu miedo en vez de darle vueltas alrededor y racionalizarlo. Permaneces con esa emoción y empiezas a hacer cosas que te asustan, no para ser virtuoso, sino para percibir directamente la sensación corporal que llamamos miedo. Con una bondad infalible, la vida siempre te presenta lo que necesitas aprender.

El vacío no es más que la ausencia de reactividad. Cuando te relacionas con alguien, no hay «tú» ni «yo», ni tu pequeña mente con sus comparaciones y juicios. Cuando todo eso se esfuma, queda el vacío. La práctica no consiste en llegar a algún sitio, sino en permitir que la transformación se desarrolle en ti mismo.

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