Feliz Navidad

¿Qué tal se presentan las Navidades, bien o en familia? 🙂 O, como dice Eckart Tolle, “si crees que estás iluminado, ve a pasar la Nochebuena a casa de tus padres”. En fin, las comidas navideñas son una excelente ocasión para poner a prueba nuestra serenidad.

¿Por qué me irrita que mi suegra/cuñado/hermana/etc. haga tal o cual cosa? Fácil: porque me adjudico el derecho a decidir cómo deben ser o actuar. Porque creo que yo tengo razón y ellos no. Y, en el fondo, porque me creo mejor que ellos.

¿Por qué mi suegra/etc. me saca de mis casillas y sin embargo su vecina del 5º la encuentra encantadora? Evidente: porque el problema no está en ella, sino en mí. Porque los problemas no están en el mundo exterior, sino en mi estúpida mente pretenciosa. En realidad no me molesta mi suegra, sino la imagen mental que he construido de ella.

No tengo derecho a cambiarlos, ni a empujarlos de ningún modo. Es tonto pretender cambiar el mundo, cuando el problema está en mí; no hay que alfombrar el campo cuando puedo ponerme zapatos.

No hay que cambiar nada ni organizar a nadie, sólo soltar mis prejuicios, mis manías y mis rollos mentales. Disfrutar de una reunión familiar en paz es sencillo: sonreír a todos, sonreír con con los ojos y mirando a los ojos (¿de qué color son?); mirar con dulzura y escuchar con atención. Permitirles ser como son y permitir que aflore mi auténtica esencia amorosa.

Noche de paz, noche de amor. Todos somos Uno. Feliz Navidad.

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