meditación: fuente de juventud

Últimamente hay bastante información sobre la telomerasa, que es calificada como la fuente de la “eterna juventud”, desde que en 2009 dieran el Premio Nobel de Medicina por la investigación de los telómeros: se habló de ratones que vivían un 40% más, de células inmortales, etc.

Para un profano como yo, es suficiente saber que la telomerasa es una enzima que prolonga la longitud de los telómeros, que a su vez son los relojes o temporizadores de las células, e indican el número de veces que pueden replicarse antes de morir.

Es decir, en cada división celular los telómeros se van acortando, hasta que al final la célula muere; por eso, cuando la telomerasa esté activa (como en los embriones), la célula se mantiene joven (y el organismo vivo).

A lo que iba: según una investigación de la Universidad de California (de 2010), los cambios psicológicos que suceden durante la meditación producen una mayor actividad de la telomerasa. Al crear un mayor bienestar psicológico, aumenta (un 30%) la actividad de la telomerasa en las células inmunitarias; así se relacionaría la meditación con la longevidad del organismo.

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