placebos (2)

Aunque aquí ya hemos escrito sobre placebos, el tema da mucho de sí.

En “Cómo cambiar creencias con la PNL”, Robert Dilts se refiere a los placebos, y cómo mejoran o incluso se curan personas que creen que toman medicación para su enfermedad, cuando en realidad están tomando alguna sustancia sin efecto terapéutico, como pastillas de azúcar.

Cuenta la historia de Grinder y Bandler cuando, a finales de los 70, pretendían comercializar placebos. Pensaban venderlos en tarros etiquetados así,  “PLACEBO” con un librito que, a modo de prospecto farmacéutico, indicaría el porcentaje estadístico de efectividad del placebo para cada enfermedad, de forma que el comprador pudiera ver la probabilidad que tenía de curarse. La etiqueta diría: “Los placebos no son eficaces para todo el mundo, aunque podrían serlo para usted”.

Por supuesto, esperaban una airada reacción de las asociaciones médicas y farmacéuticas. Justo en mitad de la controversia pensaban lanzar el “Placebo Plus”: 20% más de ingredientes inertes en cada cápsula. (En aquellos años algunos estudios ya demostraban que una pastilla roja, muy pequeña y cara, era mucho más efectiva que otra blanca, más grande y menos compacta).

Posteriormente pensaban lanzar el “Mega Placebo” y así sucesivamente. Al parecer, las autoridades les disuadieron (quizá temiendo la quiebra de la industria farmacéutica) y los fundadores de la PNL abandonaron el proyecto. En cualquier caso, en el libro de Dilts se mencionan algunas investigaciones muy interesantes:

En EE.UU. todos los medicamentos deben ser comprobados junto a un placebo, por lo que hay una ingente cantidad de investigaciones. En general, en más de un tercio de los casos el placebo es tan efectivo como el medicamento real. Esa es la media, aunque en algunos estudios el placebo ha sido tan efectivo como la morfina en un 54% de los casos.

Un investigador incluso realizó el experimento a la inversa. Tomó personas que respondían a los placebos y a otras que generalmente no lo hacían y les administró medicamentos reales, entre ellos morfina. El resultado mostró que quienes usualmente respondían a los placebos lo hicieron ante la morfina en un 95% de los casos. Sin embargo, la morfina sólo resultó efectiva en un 46% de las personas que usualmente no reaccionaban ante los placebos. Esta diferencia de aproximadamente un 50% nos muestra que en algunas ocasiones, para que puedan causar efecto, incluso los verdaderos medicamentos necesitan que se crea en ellos.

En el tratamiento del cáncer los placebos han demostrado repetidamente su efectividad. De hecho, en cierto estudio se administró a un grupo de pacientes “quimioterapia de placebo” y un tercio de ellos perdió todo el cabello.

La máquina de electroshock más efectiva de todo el estado de California es una que lleva varios años averiada; antes de conectarlos se administra a los pacientes mentales un anestésico general y creen que reciben electroshocks, cuando en realidad no es así, y el hecho es que estos electroshocks falsos son más efectivos que los reales.

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También es muy interesante  este artículo de Time Healthland“Los placebos funcionan incluso si usted sabe que son falsos: ¿por qué?”– donde se informa de una investigación en que, a pesar de que los sujetos (enfermos graves de colon irritable) sabían que estaban tomando una sustancia inerte como píldoras de azúcar, el placebo resultó eficaz.

El coautor del estudio, Ted Kaptchuk -profesor de Medicina en la Harvard Medical School- admite su sorpresa por los resultados: el 59% de los sujetos mejoró de sus síntomas (la misma efectividad que los medicamentos más potentes para esa enfermedad), sin sus efectos secundarios. Al parecer, es importante que los sujetos tomaran sus placebos en las dosis y las horas indicadas.

En fin, es un tema muy controvertido y sobre el que se está investigando, pero todo este asunto demuestra claramente el papel y el potencial de las creencias. La función de las creencias está relacionada con la activación de aptitudes y conductas: los seres humanos tenemos la capacidad de influenciar ciertos procesos biológicos, pero no lo hacemos porque no creemos que sea posible hacerlo.

El placebo funciona porque tenemos la creencia que funciona, y las creencias se pueden cambiar con técnicas de PNL. Y termino con una anécdota que le sucedió al propio Dilts:

Entonces saqué un tarro de PLACEBOS y le expliqué: “Estas son pastillas imaginarias reales. Son imaginarias porque no tienen ningún medicamento real en ellas, pero son reales porque van a curar tu alergia y cambiarán tus sensaciones”.

Una vez que conocíamos las submodalidades de su estrategia de creencias, empecé a describir cómo el placebo funcionaría, cómo se sentiría y cómo todo iría cambiando de acuerdo a sus submodalidades críticas. Por supuesto, ella no pudo encontrar ningún fallo en esta lógica. Pero lo más interesante fue cuando volvió la semana siguiente, realmente asustada: las pastillas “imaginarias reales” habían funcionado.

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