felicidad

-¿Estar a gusto no es normal?
-No, no lo es. Soy editor de libros de autoayuda, lo sé. Todo el mundo busca algo, pero lo importante es que nunca lo encuentran. Todo el mundo necesita ayuda. O, al menos, creen necesitarla.

La gente que compra autoayuda no quiere que la perturben. Quiere ver reafirmada su autoestima. Quieren que se los acaricie, se los alimente y se los tonifique con tópicos…

Happiness, de Will Ferguson, cuenta la historia de un libro de autoayuda que -sorprendentemente- funciona: la gente que lo lee resuelve definitivamente sus problemas: dejan de fumar, de beber, de vivir estresados y empiezan una vida feliz, pero esto tiene importantes efectos secundarios: se hunde  la industria del tabaco, la del alcohol, el tráfico de drogas (y sus industrias auxiliares, como la de rehabilitación de alcohólicos y toxicómanos), luego empiezan a desaparecer los centros de dietética, los gimnasios de culturismo, las franquicias de hamburguesas, el mercado de cosmética y perfumería, las clínicas de cirugía estética, la industria de la moda, los parques de atracciones…  Ahí va otro párrafo:

-Así pues, la gente empieza a ser feliz. ¿Qué hay de malo en eso?
-May, toda nuestra economía se basa en las flaquezas humanas, en los malos hábitos y las inseguridades. La moda. La comida rápida. Los coches deportivos. Los tecnoaparatos. Los juguetes sexuales. Los centros de dietética. Los anuncios personales. Las sectas religiosas. El deporte profesional, una manera de vivir a través de otros. Las peluquerías. El desenfreno de las compras. Toda nuestra forma de vida se basa en la insatisfacción y la falta de confianza en nosotros mismos. Piensa en lo que ocurriría si la gente fuera real y verdaderamente feliz. Sería un cataclismo. El país quedaría paralizado. Sería el final de la historia.

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