aceptación

Quizá al escribir sobre pensamientos inútiles y repetitivos (el ruido de la mente), puede interpretarse como una actitud negativa hacia nuestros propios pensamientos, que sería mejor controlar, ejercer cierta presión para tratar de eliminarlos. No es así, en absoluto. Como dice Byron Katie, “aprendemos a recibir los pensamientos con los brazos abiertos” y luego los dejamos ir con los brazos abiertos.

Aceptamos nuestros pensamientos, igual que la bilis o el color de los ojos, no luchamos contra ellos, sino que evitamos que nos arrastren a su mundo ficticio, sin montar un drama. Los aceptamos  como lo que son, manifestaciones superficiales de la mente, pues en el fondo sólo hay paz. Aceptamos lo que es sin echarle más leña al fuego.

La aceptación no es resignación. Como dice Katie: ¿Qué es más poderoso? “Ojalá no hubiera perdido mi trabajo”, o “he perdido mi trabajo, ¿qué puedo hacer ahora?”

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