El humor de Peter Berger

Después de años en el monasterio y antes de regresar a casa, el joven fue a despedirse de su viejo maestro. Antes de bendecirle, éste le dijo:

-Recuerda, hijo mío, no lo olvides nunca, que el mundo es como una flor de loto.

El joven se alejó, meditando en silencio sobre la extraña despedida, cuyo profundo significado no alcanzó a entender.  Algunos años después tuvo ocasión de volver al monasterio e hizo todo lo posible por entrevistarse con el anciano:

-Maestro, desde hace años quería hacerle una pregunta. Cuando me dijo que el mundo es como una flor de loto, ¿qué quería decir?

-¿La vida es como una flor de loto? ¿Eso te dije?

-Sí, maestro.

El anciano se quedó pensativo unos instantes. Finalmente, mirando al infinito, sentenció:

-Vaya, quizá el mundo no es como una flor de loto.

* * *

La mujer caminó durante semanas, por pasos de montaña, cruzando el Himalaya hasta llegar a la ermita. Cuando se acercaba a la puerta, salió a recibirla un joven monje:

-¿Ha venido a ver al Maestro?

-Sí, así es.

-El Maestro está recogido en meditación, pero podrá atenderla el jueves, a las 5 de la mañana, si quiere aguardar en aquella cueva.

-Bien.

La mujer esperó en la cueva, durmiendo en el suelo y comiendo bayas silvestres, hasta que el día indicado, a las cuatro y media de la mañana, el joven monje fue a recogerla. Una vez entró en la ermita, se fue directa hacia el hombre santo, y le dijo:

-Paco, ¡ya está bien! ¡Vuelve a casa!

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