pequeños ladrillos

Antes veía la vida como una gran pared en blanco sobre la que ambicionaba pintar un dibujo significativo y enorme; empezaba por una esquina, trazando los detalles minuciosamente, hasta que poco después lo abandonaba, agobiado por la enormidad de la tarea. Al poco tiempo empezaba otro gran proyecto: borraba y me ponía a pintar de nuevo. Así una y otra vez.

Ahora trato de hacer pequeñas cosas con sentido, con amor, con autenticidad, una detrás de otra, poniendo pequeños ladrillos uno junto a otro, y con el tiempo se irá formando un muro, como un mosaico, con un dibujo que no puedo imaginar, ni me importa.

En vez de agobiarme por la magnitud de la gran tarea inconclusa, disfruto de colocar cada pequeño y hermoso ladrillo con alegría, y siento que, si bien no tengo ni idea de lo que parecerá el mosaico final, será sin duda auténtico y hermoso.

Cualquier dibujo, pared o mural, cualquier trabajo humano desaparecerá como polvo en el viento, lo único seguro es sentir la alegría y la delicada belleza del momento presente.

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