actitud infantil

Desde que nacemos intentamos controlar el mundo y a las personas que nos rodean. Lloramos para que la madre nos alimente, sonreímos para recibir atención, hacemos un mohín cuando nos molestan y recurrimos al berrinche cuando nos sentimos incómodos. En el fondo, pensamos que la vida ha de satisfacer nuestros deseos y que los demás están ahí sólo  para hacernos felices.

Es difícil abandonar esta actitud infantil. Usamos el 99% de nuestra preciosa fuerza vital para intentar manipular el mundo para realizar nuestros deseos. En realidad no somos conscientes de las personas que nos rodean, sino que las utilizamos como instrumentos para satisfacer nuestras necesidades. Las tratamos como si no tuvieran vida propia.

El remedio para esta actitud infantil es, naturalmente, el zazén, como explica Brenda Shoshanna en El zen y el arte de amar, de Ediciones Oniro.

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