querido sobrino

Querido sobrino:

Quiero escribirte una carta contándote algunas cosas importantes que he aprendido a lo largo de mi vida, con la intención de que tú las aprendas en menos tiempo que yo.

La primera es la importancia de la responsabilidad, de actuar siempre lo mejor que puedas, en lo pequeño como en lo grande.

Eso en la práctica se aplica a prestar toda tu atención a lo que estés haciendo en ese momento: a veces tenemos delante una tarea (o persona) que parece poco importante y la tratamos con descuido; es un error. Si quieres llegar a ser el director de una empresa de 4.000 empleados, ten éxito cuando seas responsable de un equipo de 4 personas, luego de 40 y después de 400, etc. Si quieres tener éxito en un examen de mil páginas, antes ten éxito con uno de 100 páginas y antes con uno de 10 páginas.

Si no tienes éxito en lo pequeño, no lo tendrás en lo grande. Construye hábitos que te ayuden en lo pequeño y luego te sirvan para lo grande.

Me pareció entenderte que aún no estudiabas en serio y ya lo harías cuando estuvieras en la Universidad. Creo que esa actitud es un error. Imagínate a Fernando Alonso, de niño, diciendo: “hoy no correré a tope, no me esforzaré hasta que tenga un coche de Ferrari”, o a Iniesta en el equipo de su colegio, diciendo: “hoy no voy a jugar a tope, que me canso, ya lo haré cuando esté en la final del campeonato mundial.” Pues nunca hubieran llegado a la Fórmula 1 ni a la final de los mundiales; ni siquiera habría llegado a la selección, ni al Barça, ni siquiera a jugar en el Albacete Balompié.

En la vida siempre podemos elegir entre las excusas y la responsabilidad. Nunca tendrás una situación perfecta, por lo que siempre encontrarás excusas para no hacer algo. O también puedes asumir tu responsabilidad y actuar en consecuencia. Si te haces responsable en lo pequeño, luego podrás hacerlo en lo grande.

También quisiera referirme a la importancia de la relación con los padres, especialmente con el padre. Gracias a una terapia llamada “constelaciones familiares” me di cuenta de que, para tener éxito en la vida y sentirse orientado, hay que sentir el respaldo de la línea paterna (padre, abuelos, bisabuelos, etc.).

Tener una buena relación con ellos no significa obligarlos a darte lo que tú quieras (o necesites), pues nadie puede dar lo que no tiene. Alguno de ellos quizá no pueda darte el cariño, dinero, o atención que quieres o necesitas, pero en cualquier caso has de respetarlos, porque te han dado lo más importante, que es la vida, y la fuerza inagotable de la Vida fluye en ti a través de ellos.

A veces, desde nuestro punto de vista de niño, vemos a los padres como muy grandes, y a los abuelos como muy grandes, etc., y esa perspectiva es correcta, porque ellos siempre serán más grandes (aunque tú seas un joven musculoso y ellos unos débiles ancianos), pero es importante que veas también la perspectiva de una pirámide:

Tú estás en la cima de una pirámide, apoyado en tus dos padres, apoyados en tus 4 abuelos, en los bisabuelos, y así hasta el infinito, y para mantenerte estable en esa cima –que es tu lugar natural- necesitas el apoyo de todos tus antepasados, empezando por los más importantes, que son tus padres. Si te faltara el apoyo de cualquiera de ellos, la pirámide se quedaría coja y tu posición sería débil.

También, cuando tengas que afrontar alguna situación difícil que requiera todo tu valor, puedes sentir que tienes detrás a tus padres, que te respaldan, y detrás de ellos a los padres de sus padres, etc., en una marea humana enorme que te apoya y te da fuerza, y te ayuda a abrirte paso en la vida.

Tú tienes qué decidir cómo relacionarte con tu familia; yo, si fuera tú, trataría de pasar tiempo con ellos, con todos ellos, y tratarlos con cariño y respeto, a todos ellos. (Te lo aseguro, es una gran suerte que tu padre y la mayoría de tus abuelos estén aún vivos, lo sé porque no los tengo ya).

Sería bueno que de vez en cuando convivas con ellos; y no te centres sólo en tus necesidades, sino también en las de ellos: si en su ambiente falta cariño, o amor, o armonía, trata de poner un poco. No se trata de que soluciones sus problemas, porque un hijo no puede arreglar la vida de los padres, ni sentirse culpable ni responsable por los padres. Se trata sólo de que compartas un poco de tiempo y amor con esa familia que es la tuya. Porque una parte importante de tu éxito en la vida y de tu futura felicidad familiar dependerán de ello.

Y antes de tomar una decisión importante –como elegir estudios, casarte, etc.- podrías hablarlo con tus padres y abuelos. Quizá sus consejos no te sean muy útiles -o quizá sí- pero siempre será algo bueno y necesario para ti, aunque ahora no te des cuenta.

Créeme, tienes los padres y abuelos perfectos para lo que has venido a hacer a esta vida, no podría ser de otra manera, así que cuenta con ellos y tu vida será más fuerte y mejor.

También intenta ver tu papel desde fuera: si eres el hijo o nieto que sólo llama para pedir dinero y exigir cosas, tendrás un papel incómodo y antipático, pero si aportas lo que sólo tú puedes aportar a esa familia (cariño, amor o lo que sea), serás una persona valiosa para el grupo.

Piensa que, del mismo modo que ellos son importantes para ti, tú eres muy importante para ellos, quizá lo más importante que les pueda pasar en sus vidas, y tu papel de hijo o nieto no lo puede reemplazar nadie, ni lo que tú puedes darles se lo puede dar nadie (aunque alguno de ellos no lo sepa).

También quisiera hablarte sobre los criterios de decisión: cada día hay que tomar decisiones, fáciles y difíciles, grandes y pequeñas, y a medida que te hagas mayor, tus decisiones serán más importantes y te jugarás más en ellas (¿trabajo aquí o allá? ¿me caso o no? ¿compro esta casa o aquella?). ¿Cómo tomar decisiones correctamente?

Un buen criterio es sentir la situación, percibirla: por ejemplo, te proponen algo que a primera vista es fácil y brillante, pero tú sientes en el estómago o en el corazón algo raro y no te acabas de fiar, y luego resulta que, efectivamente, había una trampa oculta. Generalmente, si uno se toma el tiempo de sentirlo (por ejemplo, haciendo tres respiraciones profundas), sabe casi siempre si la decisión es buena o no. Otra cosa es que tengamos el valor de actuar en consecuencia.

Otro criterio es la retrospectiva: antes de hacer algo, pregúntate: ¿mañana/dentro de un mes/de un año/de 10 años, ¿me habré alegrado o me habré arrepentido de hacer esto?

Así, casi siempre acertarás en tus decisiones, aunque, ya te digo, otra cosa es tener el valor de hacerlo. En fin, siempre es mejor el camino de la integridad y el valor que el de la cobardía y la pereza.

Para el final, quisiera hablarte de lo más importante de la vida, que es el Amor, no ya a una chica que te guste, sino a todo y a todos.

Es algo que está en nuestra propia naturaleza biológica: a los mamíferos nos gusta acurrucarnos, achucharnos, abrazarnos; pero también es algo más sutil, más profundo, difícil de explicar, aunque se puede sentir. El amor nos da vida y da sentido a nuestras vidas.

Todo el mundo necesita amor: tú, yo, tus padres y abuelos , el profesor, la vendedora, el mendigo, el presidente y los hinchas del equipo rival. Si tratas a todos con respeto y amor, el mundo será mejor y tú serás mejor.

Y si tienes una actitud amorosa, la gente querrá cooperar contigo: tu padre, el médico, el profesor, el jefe que decidirá contratarte o no, la mujer que decidirá estar contigo o no… Eso no significa que debas vender tu alma al diablo para conseguir algo –lo que sería un gran error– sino que, al mantener una actitud amorosa y cordial, contribuirás a un mundo mejor y como consecuencia, cosecharás mejores resultados.

A veces pensamos que otras personas son más o menos que nosotros: no es así. No eres más ni menos que nadie, todos somos diferentes; hay personas que no saben leer, pero saben cuidar un niño y hacer de él un hombre; otros saben latín, pero son incapaces de dar un abrazo, etc., así que no menosprecies a nadie ni tampoco te sientas inferior a nadie. A veces cumplimos diferentes funciones en la vida, uno es jefe y otro empleado, uno médico y otro paciente, etc., es como cuando encuentras un semáforo en verde, pasas, y si está en rojo, cedes el paso, pero eso no significa que uno sea mejor que el otro. Así que trata a todos con respeto y no te compares con nadie, sólo contigo mismo: si quieres ser mejor, sé mejor de lo que tú eras ayer.

Casi cualquier cosa que consigas en la vida, la obtendrás de otras personas: de unos padres que te cuiden, de un profesor que te enseñe, de un empresario que te pague, de una mujer que te abrace. Así que trata de crear valor en sus vidas, preguntándote: ¿soy el hijo al que quisiera cuidar?, ¿soy el alumno al que quisiera enseñar? ¿soy el empleado al que quisiera contratar? ¿soy el hombre al que quisiera abrazar? Y así con todas las relaciones que tengas a lo largo del día, con todas ellas. Si creas valor en sus vidas, si eres valioso para ellas, querrán colaborar contigo.

Vive cada día, sin cargas del pasado ni ansiedades del futuro. Ya pasó tu infancia, pero aún tienes por delante una juventud, una edad madura, una vejez. Vive intensamente cada día para que cuando te mueras, puedas decir: podría haberlo hecho diferente, pero no mejor.

Un abrazo muy grande,

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