guerra y paz

¿Se puede estar a favor de la paz sin estar en contra de la guerra?

Es algo que me pregunto desde hace unos días, cuando leí que España es el sexto exportador mundial de armas, que incluso estábamos vendiendo a países en conflicto. Claro, si nos compran armas, será para matar a alguien o, en el mejor de los casos, amedrentar a sus vecinos. Al final, gobernar consiste en elegir cómo gastarse el dinero de todos: comprar tanques o construir escuelas…. O, como decía Samuelson, elegir entre cañones y mantequilla.

Tampoco me gustan las películas o series de TV que exaltan a esos soldados tan apuestos y valientes, con sus uniformes tan planchados y relimpios, que no dan una imagen real de lo que es la guerra, de sangre y vísceras reventadas, miseria, violaciones, hambre y cuerpos destrozados por el acero. En España, ahora, se emite alguna de esas series en horario infantil…

Nadie quiere la guerra y sin embargo, hay guerras. La investigación académica es clara al respecto: a nadie le gusta combatir, incluso en los cuerpos de élite, el 90% de soldados se paralizan cuando el fuego es intenso; si no están vigilados por su sargento, el 80% de los soldados de infantería prefiere disparar al aire, aunque tengan al enemigo claramente a la vista. No es sorprendente constatar que en la guerra de Irak hay más soldados norteamericanos muertos por suicido que por la acción del enemigo.

Nos venden bien la guerra, apelando a los motivos más nobles, de forma que elegimos destrozar a seres vivos para preservar entidades abstractas de dudosa existencia como los dioses, las patrias o las naciones. Lo que antes era “ir a la guerra” ahora se llama “misiones de paz”, y el Ministerio de Guerra, que luego fue Ministerio del Ejército, ahora se llama Ministerio de Defensa, y pronto –como predijo Orwell– se llamará Ministerio de la Paz. Los nombres son cada vez más bonitos, pero cada año exportamos más armas.

Entonces, ¿se puede hablar de la paz sin enfangarse en la guerra? ¿Se puede amar la paz sin odiar la guerra? La única forma que se me ocurre es viviendo en paz, creando una pequeña isla de paz alrededor de uno mismo y extendiéndola alrededor o, como decía Gandhi, “se tú el cambio que quieras ver en el mundo”. No hay que estar en contra de nada, pero se puede estar siempre a favor de las personas, de cada persona. Si estás a favor de la paz, sé paz las 24 horas, extiende la paz.

Lo que, por otra parte, nos devuelve al ámbito de la meditación, una vía eficaz para desarrollar la paz interior.

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