siempre se puede ser feliz

Hace un día lluvioso y me siento melancólico; miro al cielo y pienso que, si saliera el sol, sería feliz. Entonces, puedo sentirme mal porque el cielo está encapotado, o bien imaginar lo feliz que me sentiré cuando salga el sol y, de hecho, sentir esa felicidad por anticipado. Cierro los ojos, imagino el sol que aparece entre las nubes, imagino la luz, el calor en mi cara, y me siento feliz.

No creo que al sentirme feliz vaya influir en que el sol aparezca antes. Pero el hecho de sentirme desgraciado, tampoco. Si las dos situaciones son igualmente inútiles, ¿qué es mejor, sentirse feliz o sentirse desgraciado?

He puesto un ejemplo sencillo y neutro, en que mi actitud va a influir poco en el mundo exterior, pero, en la mayoría de situaciones, en que sí podemos trabajar por mejorarlas, el hecho de sentirme feliz me va a motivar para hacer mejor el trabajo. (Sin contar con los efectos de la famosa ley de la atracción).

Es decir, aunque las circunstancias no sean idóneas, por poco que acompañe la salud, siempre puedo elegir sentirme feliz, llevar una vida más saludable y productiva y hacer más felices a quienes me rodean.

No puedo hacer que salga el sol (esa es la parte del sol), pero sí puedo hacer mi parte, que es elegir sentirme feliz. Tendré que recordármelo cada día, cuarenta veces al día, cuatrocientas veces cada día: siempre puedo elegir sentirme feliz.

También puedo dedicar más tiempo a hacer cosas o estar con personas que me hacen feliz.

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