mística, hábitos mentales y silencio interior

isla

Esta mañana, una conversación sobre el Bhagavad Gita me hizo recordar que en todas las tradiciones espirituales hay dos vías de acercamiento:

– Una externa, ortodoxa, litúrgica, que se apoya en templos, ceremonias, arte sacro… incluyendo las diferentes imágenes de los dioses como ancianos de barba blanca que viven en el cielo, triángulos con ojos o toda clase de personificaciones. Incluso el budismo, una religión sin dioses, tiene su panteón de santos, demonios y deidades diversas.

– Y otra vía interna, mística: en vez de pensar en los dioses, se trata de sentir la experiencia del dios interior, a la que llegamos por varios caminos, generalmente solitarios, como la meditación, el ayuno, la contemplación, etc., muy parecidos en todos los tiempos y lugares.

Para sentir el dios interior necesitamos pasar por el silencio de la mente, y sólo después de haber eliminado esa capa de verborrea, pensamientos inútiles y basura mental, aflora la Voz que todos llevamos dentro.

Otra cuestión son los detalles prácticos: sabemos cómo llegar pero nos da pereza hacerlo. Es como la historia del maestro y el discípulo, sentados a la orilla del río:
-Maestro, ¿cómo puedo alcanzar la iluminación?
El maestro no dice nada, pero le agarra por el cuello y le mete la cabeza debajo del agua; el joven aguanta hasta que le falta el aire y empieza a debatirse, pero el maestro no afloja la presa. Cuando está a punto de ahogarse, lo suelta por fin y, mientras jadea buscando aire, le pregunta:
-¿Querías respirar, eh?
-¡Sí!
-Verdaderamente querías respirar…
-Sí, maestro.
-Pues bien: cuando tengas tantas ganas de lograr la iluminación como las que tenías de respirar, tendrás una posibilidad de alcanzarla.

Sólo poniendo cada día nuestro mejor empeño y una paciencia infinita en un trabajo infinito, podremos recorrer el camino más largo, el que nos lleva a nuestro propio corazón.

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