reencarnación

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De la primera vez que me senté en un dojo a hacer zazen recuerdo dos cosas: un dolor horrible en las piernas y la historia aquella del pez que vaga por el océano y cada mil años se asoma a la superficie. En algún punto del vasto océano hay flotando un aro de madera. Pues bien, nos decía el maestro, es más probable que el pez, al asomar la cabeza acierte a pasarla por el aro de madera en medio del océano, que nuestra posibilidad de volver a reencarnar como humanos. Así que aprovechad esta oportunidad y seguid la Vía del Buddha.

No sé por qué, recordé esta historia hace unos días, cuando National Geographic publicó la foto de un cachorro de morsa en la costa noruega. “¿Y si en la próxima vida me reencarno en un bicho como éste?” -pensé. No tengo nada en contra de las morsas, pero al ver la foto me dieron ganas de salir corriendo a practicar la Vía del Buda.

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