afterzen

Hace poco murió Janwillem van de Wetering, autor de unos 40 libros, tres de ellos sobre zen. En Afterzen, experiencias de un estudiante zen de patitas en la calle (Ed. La liebre de marzo) cuenta su experiencia en varios monasterios y centros de Japón y EE.UU., y su perplejidad al darse cuenta, después de cuarenta años buscando respuestas, que no sabía cuál es la pregunta.

Aunque escribe con humor, plantea cuestiones serias y aun desagradables, como las motivaciones espurias de los maestros zen (el cobro de emolumentos por oficiar los ritos, más que explicar la doctrina del Buda), o su carácter autoritario y patriótico, como el apoyo al esfuerzo bélico japonés en la II Guerra Mundial.

Escribe sobre aspectos mundanos de la vida en el zendo, como la preferencia de algunos maestros por los coches de lujo, el licor o las rubias de piernas largas, la vida cotidiana (levantarse a las 3 de la mañana, un baño cada 9 días, etc.) o cuando el Sensei lo expulsó del monasterio por decir que “mañana nadie habrá oído hablar de Buda”. Se refiere a algunos efectos desafortunados de la práctica, como la hemorroides crónica por estar demasiado tiempo sentado, las afecciones de estómago producidas por engullir demasiado deprisa comidas demasiado calientes y dormir poco, el sufrimiento físico y la presión del maestro para solucionar los koan.

Otra anécdota curiosa es cómo describe Dazi, el monje tibetano que viajó a Holanda, su dura infancia como novicio en el Potala:

Los monjes policías me pegaban. Todos los que eran más grandes que yo, me pegaban. Hacía reverencias a todo el mundo más grande que yo. Finalmente, me convertí en monje de rango (trappa). Ahora los tíos pequeños hacen reverencia a mí, y con mi vara les pego un poco. Tengo habitación, cama, silla, radio con pilas, servicio de habitación, mucho té, mantequilla y buena comida. Empanadillas dos veces a la semana, arroz blanco. Entonces chinos grandes vienen con pistolas y empiezan a pegarme otra vez.

  • Un buen monje es un auténtico perdedor. El objetivo de la disciplina budista es darse cuenta de que uno sufrirá si se aferra a algo, ya sea positivo o negativo. La unica salida es extinguir el yo.
  • Los monjes japoneses me enseñaron que siempre hay que decir “sí, sí” al maestro o a quien esté al mando, y luego hacer lo que te dé la gana.
  • Cualquier maestro es temporal, y no hay razón para que se crean tan poderosos. El tipo que te enseña a poner gasolina la primera vez también es un gurú. Y el que te ayuda a montar la silla de oficina que llegó por correo con las instrucciones en finés. Utiliza a los gurú, pero no te cuelgues de ellos. ¿Cuántas veces quieres aprender el mismo truco? No transfieras tu poder a un gurú externo.
  • El sadguru (gurú interior) no busca el camino, porque él es el camino. El ego nunca coopera, lo único que quiere es un cómodo nicho para quedarse en él. El auténtico ser trae lucha, para forzar al ego a dar la cara. Si no funciona nada más, la perspectiva inevitable de la muerte hará que el más lento de los estudiantes acabe prestando atención.
  • No hay ninguna solución, porque no hay problema. Sólo se requiere una solución cuando se ven las cosas desde el punto de vista distorsionado del ego. Las cosas están bien como son, lo que las convierte en un error es nuestro egoísmo.
  • La instrucción no solicitada nunca deja de molestar a los no iluminados.
  • El impulso sexual no se sublima espiritualmente, como afirman los libros religiosos. El anhelo sexual está programado en los genes: frústralo y se convierte en demoníaco.
  • Arreglárselas a través de dolorosas meditaciones, ingratos trabajos en los huertos, mostrarse humilde con superiores locos de poder… así emerge un espíritu audaz que se mantiene a flote en la adversidad.
  • “Pásate a verme en alguna ocasión. Pero no me traigas tus problemas personales. No puedo ayudar a la gente a cargar con su ego. Y tampoco quiero.”
  • Todos los koan hablan de lo mismo. No hay nada. ¿No te das cuenta? ¿No ves que todo es vacío? ¿Que no hay nada con lo que cargar? ¿Que todo lo que tenemos que hacer es disfrutar de nuestro no-ser?
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