placebos

Como cada año, la organización Improbable Research, fiel a su objetivo de hacer reír a la gente, y luego hacerles pensar, ha concedido los ignominiosos Premios Ig Nobel de las diversas categorías: el de Química (a quienes demostraron que la coca-cola es un espermicida efectivo… y a un equipo de Taiwan que demostró lo contrario); el de Nutrición (por demostrar que las patatas fritas rancias se perciben como frescas si están crujientes); el de Biología (por demostrar que las pulgas de los perros saltan más que las que viven en gatos); o el de Economía (por demostrar que los ingresos de una bailarina de striptease dependen de su ciclo menstrual), etc.

Aunque los Ig Nobel pueden premiar las investigaciones más peregrinas (como el médico que curaba el hipo aplicando un masaje anal, o el estudio sobre el motivo de que los pájaros carpinteros no tengan dolor de cabeza), eso no impide que sean útiles o bien fundamentadas, como el premio de Medicina de este año, entregado a Dan Ariely por demostrar que los falsos medicamentos caros son más efectivos que los baratos.

Es cierto que al ver las fotos de Ariely en su propia web la primera sensación que da es la de estar majareta, pero su trabajo como profesor de Economía del Comportamiento en la Universidad de Duke es muy interesante. A raíz de una explosión de magnesio que le afectó al 70% del cuerpo (y la experiencia de tres años en la Unidad de Quemados) empezó a preguntarse cómo tomamos las decisiones en nuestra vida cotidiana: ¿por qué compramos lo que no necesitamos? ¿por qué nos gusta hacer cosas, pero deja de gustarnos cuando nos pagan por ello? ¿por qué lo gratuito acaba saliendo más caro? Lo explica en su libro Las trampas del deseo (ed. Ariel), muy interesante y recomendado por varios Nobel de Economía.

Le han concedido el Ig Nobel de este año por demostrar que los placebos caros son más efectivos que los baratos, aunque en el mismo capítulo 10 también cuenta cómo algunas intervenciones quirúrgicas se hacían de forma sistemática, hasta comprobar que su efecto beneficioso era de mero placebo (así, la ligadura de la arteria mamaria interna, hasta 1955, para enfermos de angina de pecho, o la cirugía artroscópica de rodilla, hasta hace muy poco), lo que no sólo supone mayores sufrimientos para el paciente, sino también el gasto de miles de millones de dólares.

Dan Ariely se refiere a diversos medicamentos utilizados a lo largo de la historia (ojos de sapo, alas de murciélago, excrementos de zorro, mercurio, agua mineral, cocaína, corriente eléctrica), cuya única virtualidad ha sido la de servir de placebo. Por ejemplo, cuando Abraham Lincoln sufrió el atentado que acabaría con su vida, se le trató con polvo de momia triturado, un medicamento usado hasta 1908.

Uno de sus experimentos fue el de la Veladona: al reducir el precio de un analgésico (de 2,50 $ a 10,00 ¢) sólo fue efectivo para el 61% de los sujetos. Lo mismo comprobaron con medicinas para el resfriado que se venden sin receta (los más caros eran más efectivos que los rebajados) y también con la bebida energética SoBe, de PepsiCo. (cuanto más alto el precio, mayor efecto). Más datos de sus experimentos aquí.

Como consecuencia, Ariely se plantea algunas cuestiones: ¿los medicamentos deberían tener un envoltorio especial para ser más efectivos? ¿al recetar un genérico se está disminuyendo su efecto terapéutico ya que el paciente lo percibe como algo barato y de poca calidad? ¿los médicos deben utilizar el entusiasmo por el medicamento como parte del proceso de curación? Cuestiones de gran importancia práctica que justifican la concesión del Premio Ig Nobel y de otros más serios.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en humor, psicología y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.