dolor

Pedalear es tan duro, y el sufrimiento tan intenso, que resulta completamente purificador.

Uno puede salir ahí fuera sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros y, al cabo de seis horas de pedalear en el límite del dolor, se siente en paz.

El dolor es tan agudo y profundo que parece como si tu cerebro se apagara por completo. Al menos durante un rato, uno puede olvidarse de todo sin tener que pensar en sus problemas. Puede desconectar porque el esfuerzo y la fatiga posterior son absolutamente completos.

Una vez alguien alguien me preguntó qué placer encontraba en pasar tanto tiempo sobre una bicicleta.
-¿Placer? -contesté-. No entiendo la pregunta.
No lo hacía por el placer, lo hacía por el dolor. Lance Armstrong. . . . ..   . – – . . .
Anuncios
Esta entrada fue publicada en psicología, zen meditación y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.