actitud

Vivir la vida como si realmente importase, pero ¿cómo? Para ello, es útil tener un punto de referencia, que nos oriente en cada momento.

Esta referencia se puede buscar en unas normas, que parecen necesarias aunque no suficientes: vivimos entre una jungla espesa de leyes, decretos y reglamentaciones, que no consiguen terminar con la guerra, el hambre o la contaminación del aire y los ríos. Ni siquiera en los códigos más breves -como los 10 Mandamientos– es fácil ponerse de acuerdo: por no salir del ámbito cristiano, incluso las normas más sencillas, como “No matarás”, se han entendido de formas diversas a lo largo de la historia, desde las Cruzadas a la silla eléctrica, pasando por la Santa Inquisición.

Otra forma de buscar un punto de referencia es seguir el ejemplo de personajes relevantes (como Buda, Jesucristo u otros), aunque lo que conocemos de ellos son comentarios que otros oyeron siglos después, traducidos a varias lenguas antes de llegar a la nuestra. Tampoco es fácil ponernse en la piel de un príncipe indio iluminado de hace dos mil quinientos años, aunque, por otra parte, siempre puede uno preguntarse ¿Qué hubiera hecho Buda/Jesucristo/etc. en esta situación? (y luego tener el valor de hacerlo).

Otra forma de vivir la vida como si realmente importarse es tratar de mantener una actitud, que nos dé una referencia interna.

La actitud de estar aquí: ¿Qué sucede ahora? Estoy sentado, leyendo en el ordenador, mi espalda  más o menos recta, en la calle el ruido desagradable de unas obras, surge un pensamiento enfadado, tenso los hombros, luego el pensamiento se desvanece cuando vuelvo a la pantalla, respiro…

Habitualmente no percibimos las cosas, sino nuestros pensamientos sobre las cosas, nuestros conceptos, sentimientos, juicios o recuerdos, nuestros temores o anhelos, como una cortina que entorpece y deforma la visión de lo que realmente sucede delante de nuestras narices. Esta actitud estar aquí y  ver lo que sucede realmente es lo que llamamos meditación.

La tensión, la ceguera surgen cuando estamos aquí queriendo estar allí, cuando queremos ser otro. Como dice Dogen “no tengas ningún deseo de llegar a ser Buda”, en ese texto fundamental que es el Fukanzazengi, donde dice también:

Abandona la comprensión intelectual. Deja de correr detrás de las palabras y de seguirlas al pie de la letra. Lo que necesitas es aprender a dirigir tu luz hacia tu interior para iluminar tu verdadera naturaleza. Tu cuerpo y tu mente desaparecerán por ellos mismos y tu rostro original aparecerá. Si quieres llegar a ser tú mismo sólo hay un camino: ser tú mismo sin más tardar.

Es decir, la meditación no es una técnica, no es una forma de sentarse, ni el logro de una meta: es una actitud, una forma de ser, a la que contribuye tanto un estado mental relajado o feliz como otro impaciente, enojado o triste: todos son igualmente valiosos si prestamos atención al momento en que aparecen.

Tampoco se trata de llegar a un estado especial de beatitud, ni de tener la mente en blanco o sólo pensamientos felices: no hay ningún sitio al que llegar, ya estás aquí.

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