transfunfación

La Verdad se hace Buda, Mahoma, Cristo… y luego es pisoteada por los imitadores, que añaden a las huellas del Maestro sus delirios personales: creen que resolviendo absurdos acertijos o permaneciendo inmóviles de rodillas, o repitiendo unas palabras sagradas, acabarán por iluminarse.

Abundan los maestros de zen, chan, budismo, yoga, tantra, meditación trascendental, etc., y todas estas escuelas pretenden alcanzar la iluminación; todas se refieren al Buda Sakyamuni, que se iluminó en el siglo VI antes de nuestra era, meditando al pie de un árbol.

“Buda” significa “el que sabe”. ¿El que sabe qué? ¡Eso nadie lo sabe! Para saberlo hay que convertirse en Buda… Durante siglos, miríadas de estudiantes se han sentado a meditar, tratando de obtener algo que desconocen.

La palabra “iluminación” es tan hueca como la palabra “transfunfación”. Los postulantes piensan: “si el Buda se transfunfó, yo también, si medito lo suficiente, algún día me transfunfaré. Entonces ¡abriré una escuela y enseñaré a los demás a transfunfarse!”

Lo cuenta Jodorowsky, en “Cabaret Místico” (Siruela)

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