El zen no puede conocerse por ningún tipo de imaginación, palabra, escritura o explicación; debe ser vivido personalmente.
Si a un ciego de nacimiento se le quiere explicar qué es una flor blanca, no lo entendería. Alguien podría decirle que es blanca como la nieve; esta persona tocaría la nieve y diría “¡Qué frío es el blanco!”. Si le decimos que es blanca como un ganso, tocaría un ganso y diría “¡El color blanco es como un pájaro!”. El zen no se puede explicar con palabras: se comprende con la experiencia.
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