El otro día estaba editando el blog y me di cuenta de que hemos sobrepasado las 50.000 visitas. Impresionante (al menos para mí, supongo que playboy.com supera esa cifra en diez minutos); en fin, sois muy amables leyendo lo que escribo, aunque sabréis –como yo– que no sirve para nada.
En primer lugar porque no sé nada. En segundo, porque, aunque supiera, tampoco os serviría de nada: seguro que habéis leído palabras de auténticos sabios, vivos o muertos: Buda, Dogen, Krishnamurti, Tolle, Katie… Nos pueden mostrar lo que saben, pero no pueden transmitirnos su sabiduría; si no, hace tiempo que todos estaríamos iluminados. Podemos leer sus libros o asistir a sus conferencias, pero nunca seremos como ellos. Sólo podemos ser quienes somos.
Y, en tercer lugar, porque no hay nada que saber: no hay que perseguir ninguna zanahoria como las palabras de los sabios, complicados ritos o largas oraciones. No hay nada que saber, ya sabemos demasiadas cosas, que nos saturan la mente y nos embotan la conciencia. Ya sabemos todo lo que hay que saber y, además, la verdad no está en ningún pergamino polvoriento, sino en nuestro propio corazón.
Entonces ¿qué se puede hacer? Precisamente, hacer. Echarle valor. Aplicar nuestra modesta sabiduría a la vida cotidiana, a este breve momento que pasará tan rápido, pero que, siendo tan pequeño, es todo lo que tenemos, nuestro pequeño tesoro. ¿Qué vamos a hacer con lo que nos queda de vida? ¿Estás viviendo de verdad? Haz algo. No hay mucho que saber, pero la sabiduría consiste en aplicar ese poquito a vivir de verdad. Aunque eres muy capaz, no es necesario que hagas grandes milagros: sólo una pequeña parcela, una pequeña relación, una pequeña costumbre, pequeños gestos de bondad y de amor, contigo, con otros, con el mundo: un pequeño gesto aquí, otro allá, que demuestren quién eres de verdad.
No seas cobarde. Pronto estarás muerto. ¿Qué haces ahí, aún sentado?
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Enhorabuena por lograr con algo que no sirve para absolutamente nada que algunas cosas sirvan para absolutamente todo.
He descubierto que el playboy excita más (bueno, digo playboy para decir alguna cosa inútil-útil) cuando uno se situa cerca de un cruce de líneas Hartmann. He de probarlo en carne, así que de momento cuidado con las aplicaciones más allá de la imaginación. Cuidado de no dejar pasar la oportunidad, .)
Un abrazo,
Miguel
(Esto también invita a la reflexión sobre si “Duro-hombre”, la traducción de “Hart-Mann” no será un guiño más del Uni-Verso.)
(Para los más duros del planeta, algo de homer, digo humor zen, ya que fue así como llegué a tu oasis:
http://sombrasbaul.wordpress.com/2011/06/11/el-joven-fotografo-zen-y-la-pista-pasta-de-dientes/ )
En el momento en el que piensas en aplicar la sabiduría para vivir, dejas de ser sabio.
En el momento en el que escribo esto, dejo de ser sabio y me convierto en el consejo de un libro de autoayuda.
Sólo hay una salida y está en este momento.
En el momento en el que piensas en aplicar la sabiduría para vivir, dejas de ser sabio.
En el momento en el que escribo esto, dejo de ser sabio y me convierto en el consejo de un libro de autoayuda.
Sólo hay una salida y está en este momento.
No hay salida. No hay camino. Sólo ahora.
Un abrazo,