Antes veía la vida como una gran pared en blanco sobre la que ambicionaba pintar un dibujo significativo y enorme; empezaba por una esquina, trazando los detalles minuciosamente, hasta que poco después lo abandonaba, agobiado por la enormidad de la tarea. Al poco tiempo empezaba otro gran proyecto: borraba y me ponía a pintar de nuevo. Así una y otra vez.
Ahora trato de hacer pequeñas cosas con sentido, con amor, con autenticidad, una detrás de otra, poniendo pequeños ladrillos uno junto a otro, y con el tiempo se irá formando un muro, como un mosaico, con un dibujo que no puedo imaginar, ni me importa.
En vez de agobiarme por la magnitud de la gran tarea inconclusa, disfruto de colocar cada pequeño y hermoso ladrillo con alegría, y siento que, si bien no tengo ni idea de lo que parecerá el mosaico final, será sin duda auténtico y hermoso.
Cualquier dibujo, pared o mural, cualquier trabajo humano desaparecerá como polvo en el viento, lo único seguro es sentir la alegría y la delicada belleza del momento presente.
No sabes hasta que punto me identifico con esta entrada…
Conciencia de la impermanencia que nos ayuda a estar más presentes y conciencia de la ley de causa y efecto que te asegura que el resultado, aunque impermanente, quedará sellado por tu autenticidad, tu amor, tu alegría …
Muy bella entrada!
Diane
Curiosamente, he colgado esta mañana en la Red, un ‘Mural de Poesía’ con sólo 5 Obras (y no todas eran Poesías).
Hay un refrán que dice: ‘Quien hace un cesto, hace ciento’.
una reflexión muy hermosa
Excelente antídoto contra la cultura laboral y de negocios del: “PASA TU VIDA PONIENDOTE OBJETIVOS Y TRABAJANDO PARA LOGRARLOS”… y deja de disfrutar la vida.