Al sentarse en zazen, los pulgares forman una línea horizontal y se tocan levemente, como si sostuvieran una hoja entre ellos. Éste es uno de los indicadores de una postura correcta y también de una actitud mental adecuada: si nos despistamos, los pulgares caen, o suben, o los apretamos.
Cuando no estamos sentados haciendo una meditación formal, podemos tener otros indicadores que nos sirvan para mantener parte de la conciencia en uno mismo, como formar una sonrisa y conservar la percepción de los labios tocándose con suavidad en una forma sonriente.
Así sacamos la serenidad de la meditación y la extendemos por nuestra vida cotidiana: mantener parte de la conciencia en la sonrisa o en la respiración nos ayuda a no dejarnos arrastrar por los estímulos del momento y a vivir más relajados y en paz.
